Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —La señorita Xichun está haciendo esto por su propia voluntad, pero las muchachas a su servicio no están dispuestas a seguir el mismo camino —dijo Zijuan—. Deseo compartir esa suerte, señora. No es que desee separar a las demás muchachas de la señorita Xichun, pero todas tenemos nuestras propias razones. Me he pasado todo el tiempo atendiendo a la señorita Lin y Su SeñorÃa no ignora lo buena que fue conmigo. En realidad jamás podré devolverle su enorme bondad. Cuando ella murió quise seguirla a la tumba, pero como ella pertenecÃa a otra familia y yo me encontraba bajo la protección de ésta, mal podÃa quitarme la vida. Ahora que la señorita Xichun desea ejercitarse en la práctica de la perfección, suplico a Sus SeñorÃas que me asignen a su servicio para toda la vida. ¡Si acceden a mi petición, lo consideraré como la mayor de las fortunas!
Antes de que la dama Xing o la dama Wang pudieran responder, Baoyu sintió como una punzada en el corazón con la evocación de Daiyu, y comenzó a llorar. Los demás se aprestaban a preguntarle lo que le ocurrÃa, cuando volvió a soltar una carcajada.
—No es de mi incumbencia —dijo, adelantándose—, pero como usted asignó a Zijuan para que me sirviera, señora, me tomo la libertad de pedirle que acceda a sus requerimientos, para que pueda concretar su buena intención.
Su madre objetó: