Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Imbéciles! En mi ausencia nos habéis estafado, habéis obligado a mi hija a huir, ¡y ahora que me la devuelven, le cerráis el paso! ¿Qué diablos tenéis contra mí?
Los sirvientes habían temido que a su vuelta Jia Lian no conociera la situación y los considerara responsables; pero para sorpresa de todos, estaba mejor informado que ellos. En actitud de respetuosa atención, informaron:
—Cuando usted partió, señor, algunos de nosotros enfermamos y otros solicitamos licencia. Quedaron como responsables los señores Huan, Qiang y Yun. Nosotros no tuvimos nada que ver con todo lo que pasó.
—¡Malnacidos! —espetó Jia Lian—. Cuando haya concluido con mis asuntos, ya hablaré con vosotros. Rápido, haced entrar los carruajes.
Cuando volvió a los aposentos interiores, Jia Lian ignoró a la dama Xing, y se dirigió en cambio a los aposentos de la dama Wang, donde se arrodilló e hizo un profundo koutou.
—¡Qiaojie ha vuelto sana y salva, todo gracias a usted, señora! —dijo—. Dejaré al primo Huan fuera de esto, pero Yun es un bribón que ya dio problemas cuando se le dejó al cargo de la casa. ¡Ahora me he ido sólo un par de meses, y ha llegado a extremos inimaginables! ¡Sugiero que nos desprendamos de él y que jamás regrese!
—¿Cómo puede ser también de tal calaña tu cuñado Wang Ren? —se quejó la dama Wang.