Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Mucho antes de todo lo ocurrido, cuando Jia Lian supo que su padre, Jia She, estaba mortalmente enfermo y partió a toda prisa a su lugar de exilio, el reencuentro se realizó en medio de intenso llanto; pero poco a poco Jia She se había ido reponiendo. Cuando llegó la carta de Qiaojie, Jia Lian le contó a su padre lo que había sucedido en casa y emprendió un rápido retorno. Por el camino se enteró de la amnistía general, y tras dos largos días sin respiro llegó a casa cuando ya traían el Decreto Imperial. La dama Xing estaba preocupada porque no había quien lo recibiera, ya que Jia Lan era demasiado joven. Pero fue anunciado el retorno de Jia Lian, y en aquel encuentro tristezas y alegrías se enlazaron; él no tenía tiempo de detenerse a hablar y fue a toda prisa al salón delantero para rendir homenaje a los enviados imperiales.
Éstos le preguntaron por su padre y le ordenaron:
—Venga mañana a la Tesorería Imperial para hacerse cargo de los objetos restituidos. La mansión Ning le vuelve a ser entregada como residencia.
Se levantaron y se despidieron.
Al acompañarlos hasta la salida, Jia Lian vio un alboroto: los sirvientes impedían acercarse a unos carruajes rústicos. Inmediatamente supo que eran los que traían de regreso a Qiaojie; entonces comenzó a regañar a los porteros.