Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Todo está dispuesto para su inspección, tÃo —le dijo—. PodrÃamos modificar cualquier cosa que no sea de su agrado antes de que se compongan las inscripciones y los correspondientes poemas para los distintos puntos del jardÃn.
Jia Zheng meditó unos instantes y luego dijo:
—Las inscripciones son un problema, ciertamente. En principio deberÃamos pedirle a la concubina imperial que nos haga el honor de componerlas ella misma, pero es obvio que no puede hacerlo sin conocer previamente el lugar. Por otra parte, si dejamos los diversos pabellones y parajes sin inscripción hasta su visita, entonces el jardÃn, con todas sus flores y rocas, sauces y arroyos, no mostrará todo su encanto.
—Sin duda es cierto, señor —respondieron a coro sus cultos acompañantes.
—Tengo una idea —dijo uno de ellos—. Las inscripciones de los parajes del jardÃn no pueden ser obviadas, pero tampoco fijadas definitivamente. ¿Por qué no preparar algunas y componer unos cuantos pareados provisionales para cada lugar? De momento podemos hacer que los pinten sobre faroles en forma de placas y rollos, y cuando Su Alteza se digne honrarnos con su visita podremos pedirle que decida cuáles son los más apropiados. Asà se resolverá este dilema.