Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Ya han llegado las veinticuatro monjitas, doce budistas y doce taoÃstas, que he traÃdo, y sus veinticuatro hábitos nuevos ya están listos. Viene también esa chica que ha tomado los hábitos sin afeitarse la cabeza; procede de una familia de letrados y funcionarios de Suzhou. De niña tuvo una salud muy delicada y de nada sirvió comprarle novicias que la sustituyeran[1]: su salud no mejoró hasta que ella misma ingresó en la orden budista y se convirtió en hermana laica. Este año cumple los dieciocho y ha tomado los votos con el nombre de Miaoyu. Sus padres han muerto y sólo tiene dos viejas amas y una sirvienta que cuidan de ella. Es muy leÃda y versada en sutras, y además muy bonita. El año pasado vino a la capital, enterada de que aquà habÃa reliquias de Guanyin[2] y cánones escritos en hojas de pattra. Ha estado viviendo en el convento de Sakyamuni, al otro lado de la puerta del oeste. Su tutora fue una excelente adivina que murió el invierno pasado. Miaoyu quiso acompañar el ataúd hasta su provincia natal, pero en su lecho de muerte su tutora pidió a la chica que no volviese a casa y que permaneciera donde estaba, aguardando algo que le habÃa deparado la fortuna. Y asà lo hizo la muchacha.
—¿Y por qué no le pedimos que venga aqu� —preguntó la dama Wang.
—No aceptarÃa —objetó la esposa de Lin Zhixiao—. TemerÃa ser mirada por encima del hombro por una noble familia como ésta.