Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Para qué quiere saberlo, señor, si no hay necesidad? —dijo el bonzo sonriendo—. Ha llegado a nuestros oÃdos que hay enfermedad en su casa, y hemos venido a curarla.
—SÃ, hay dos miembros de la familia que están embrujados —informó Zheng—. ¿Conocen ustedes, quizás, algún remedio milagroso?
—¿Por qué pide un remedio? —replicó el taoÃsta—. Ya existe en su casa un rarÃsimo tesoro capaz de sanarlos.
Sobresaltado, Jia Zheng captó inmediatamente el comentario.
—Cierto es que mi hijo nació con un trozo de jade en la boca, y que la inscripción en él grabada dice que puede expulsar espÃritus malignos. Pero ha resultado ineficaz.
—Señor, usted no comprende los poderes milagrosos de ese precioso jade. Si no ha sido eficaz es porque está desconcertado por la música, la belleza, la riqueza y el lucro. Tráigamelo y restauraré sus poderes con unos encantamientos.
Jia Zheng retiró el jade del cuello de Baoyu y se lo entregó a los monjes. El budista lo depositó reverentemente sobre la palma de su mano.