Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Trece años han pasado como un parpadeo desde que te dejamos al pie del Pico de la Cresta Azul —dijo con un suspiro dirigiéndose a la piedra—. ¡Qué rápido pasa el tiempo en el mundo de los hombres! Sin embargo, tú ya estás lleno de deseos mundanos. ¡Ay, cuánto mejor estabas antes!
Ni cielo ni tierra te imponÃan lÃmites;
en tu corazón no habÃa dolor ni alegrÃa.
Luego te dotó de espÃritu el fuego,
y a este mundo llegaste buscando discordias.
»¡Y en qué deplorable estado te encuentras ahora!
Los afeites han empañado tu lustre;
dÃa y noche los pasas en los lujosos aposentos de las muchachas.
Pero has de despertar de tu dulce sueño;
saldadas sus deudas, los desdichados amantes se deben separar.
»Ha recuperado su poder —prosiguió—, pero no debe ser profanado. Mantengan a los dos enfermos en un solo cuarto; cuelguen el jade sobre la puerta y que nadie entre, salvo su madre y las personas más cercanas. Garantizo que en el plazo de treinta y tres dÃas se habrán recuperado completamente.
Dicho lo cual, el bonzo y el taoÃsta giraron sobre sus talones y echaron a andar.