Sueño en el pabellón rojo

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Jia Zheng se abalanzó tras ellos para pedirles que tomaran asiento y algo de té, pues quería ofrecerles alguna remuneración, pero los dos hombres se habían esfumado. Cuando la Anciana Dama envió criados para que les dieran alcance, éstos no encontraron ni rastro de la pareja.

Luego, siguiendo las instrucciones del monje, el jade fue colgado sobre el umbral del cuarto de la dama Wang, donde ambos enfermos yacían. Ella misma montó guardia para evitar que alguien entrara.

Llegó la noche, y ambos pacientes recobraron lentamente el sentido y dijeron que estaban hambrientos. La Anciana Dama y la dama Wang no cabían en sí de gozo. Se mandó preparar unas gachas de arroz, y después de comerlas se sintieron mejor. Los demonios que los habían poseído empezaron a retroceder. Finalmente, todos pudieron respirar mejor. Li Wan, las tres Primaveras, Baochai y Daiyu aguardaban junto a Pinger y Xiren en el cuarto de fuera, cuando fueron informadas de que los pacientes habían vuelto en sí y comido unas gachas. Antes de que las demás pudieran decir nada, Daiyu exclamó:

—¡Alabado sea Buda!

Baochai se volvió a mirarla y dejó escapar una carcajada que pasó inadvertida para todas, menos para Xichun.

—¿De qué te ríes, prima Baochai? —preguntó.


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