Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Y se sentó a sorber su té mientras Baoyu parloteaba negligentemente acerca de qué familias poseÃan los mejores actores, los más hábiles jardineros, las doncellas más hermosas, organizaban los más lujosos festines y poseÃan las mejores colecciones de objetos raros y curiosos. Jia Yun se esforzó en seguir el hilo fútil de la conversación, y cuando se dio cuenta de que su anfitrión parecÃa cansado y ya no le insistÃa más para que permaneciese: allÃ, se levantó y pidió permiso para retirarse.
—Pasa por aquà cuando quieras —dijo Baoyu antes de ordenar a Zhuier que acompañase al visitante hasta la salida.
Como no habÃa nadie en el patio Rojo y Alegre, Jia Yun aminoró la marcha para charlar con la doncella. Le preguntó qué edad tenÃa, cuál era su nombre y el oficio de su padre, cuánto tiempo llevaba trabajando para Baoyu, cuánto ganaba al mes, cuántas muchachas trabajaban allÃ… Ella no tuvo problemas en ir respondiendo a todas las preguntas, uña por una.
—Esa muchacha con la que hablaste cuando venÃamos hacia aquà —le dijo él—, ¿no se llama Xiaohong?
—SÃ. ¿Por qué lo pregunta? —contestó Zhuier riendo.
—Dijo algo sobre un pañuelo que habÃa perdido, y resulta que yo he encontrado uno.
Al oÃr aquello la doncella sonrió.