Sueño en el pabellón rojo

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CAPÍTULO XXXIV

Conmovido por su amor,

Baoyu conmueve a su prima.

Un informe falso hace que Baochai

dé consejos a su hermano.

En cuanto todas hubieron partido, Xiren se sentó junto a Baoyu y, con lágrimas en los ojos, le preguntó el motivo de tan atroz paliza.

—No hay un motivo especial —contestó Baoyu suspirando—. ¿Por qué preguntas? Me duele mucho de cintura para abajo. Anda, mira qué tengo.

Xiren se dispuso a quitarle delicadamente la ropa, pero el menor movimiento hacía rechinar los dientes al muchacho, que gemía de tal modo que la muchacha se vio forzada a detenerse varias veces. Sólo al tercer o cuarto intento consiguió desvestirlo. Al ver sus muslos amoratados, con hematomas de cuatro dedos de diámetro, fue ella la que tuvo que apretar los dientes.

—¡Madre mía! —exclamó—. ¡Cómo ha podido ser tan cruel! Nada de esto habría sucedido si hubiera seguido mis consejos. Menos mal que no hay huesos rotos. Imagine si hubiera quedado tullido para el resto de su vida.


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