Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En ese momento anunciaron la llegada de Baochai, y, como no hubo tiempo para vestir de nuevo a Baoyu, Xiren le echó por encima una mantita de gasa forrada. Baochai traÃa una pÃldora en la mano.
—Esta noche disuelve esta pÃldora en vino y aplÃcasela como ungüento —le dijo a Xiren—. Eso irá dispersando la sangre estancada y retirará el morado de las contusiones.
Después de entregarle la pÃldora, le preguntó:
—¿Ha mejorado?
Baoyu contestó él mismo afirmativamente desde el lecho y la invitó a sentarse. Al ver que era capaz de abrir los ojos y hablar, Baochai, aliviada, aceptó la invitación.
—Si hubieras escuchado nuestros consejos, nada de esto habrÃa sucedido —suspiró—. Ahora no sólo has llevado la inquietud al corazón de la Anciana Dama y de tu madre, sino también al de las demás. Cuando te vemos en este estado se nos parte el alma…