La Charca
La Charca Después, venÃa el suelo nativo: en todas sus cartas derramaba la miel de ese otro cariño. Un fanatismo, un culto, una adoración que le inundaba de dulzura. Él, de colonia, recordaba algo… Recuerdos indecisos, de limitados puntos que no tenÃan enlace, impresiones inciertas, lo más culminante: las palmas, las vastas llanuras de cañaverales, los undosos rÃos, el interior de la casa paterna en dÃa de sol. Aparte de eso tenÃa a su patria impresa en sus ensueños: la soñaba más que la conocÃa. La consideraba a través del prisma de su alma romántica. Una tierra gentil, espléndida mejor que ninguna… La Naturaleza, entonando himnos de eterna poesÃa; el suelo, en la copiosa dehiscencia de inagotable riqueza; los seres, gozando del privilegio de tanta dicha. Todo desde la distancia lo veÃa embellecido por el ensueño.
A impulso del afecto, habÃase creado una patria ideal, y a ella iban todas sus aspiraciones, todos sus deseos.