La Charca
La Charca Galante, el rico propietario, habíale propuesto algo tentador… No era cosa de echar canas en el monte: que siguieran los cafetos derramando oro; lo conveniente era emprender especulaciones en la llanura.
Galante desarrolló ante Andújar un vasto plan de negocios de víveres y banca, proponiéndole establecer a orillas del mar una Casa comercial que se llamara «Andújar y Galante».
Un negocio de grandes alcances, de grandes ímpetus, de grandes vuelos, un negocio que si prosperaba sería avasallador, absorbente, soberano.
Sentíase el tendero muy ancho con el proyecto; cierto cosquilleo de ambición desenvuelta hasta más allá de lo que había soñado le desvaneció, llenándole de orgullo. El negocio en gran escala, barrer los frutos, estibarlos en bodegas de barcos, lanzarlos a ultramar, y luego recibir la corriente de riquezas derivada de los cambios, de las Agencias, de las comisiones, de multitud de ventajas. Los hombres listos debían ensancharse, abarcar horizontes. Que quedaran en la montaña los reclutas del comercio, los principiantes, los pobres diablos del centavo.