La Charca
La Charca Dudó. ¿Seguiría? ¿Retrocedería? Optó por lo primero. Si el acontecimiento había tenido por escenario su casa, lo natural era acudir, teniendo en cuenta, sobre todo, que el peatón le había visto y podría hacerse sospechoso su retroceso. Siguió pues, y mientras caminaba se prometió hacer esfuerzos para no verse muy traído y llevado en la cuestión: él no quería cuentas con la justicia ni verse obligado a ir y venir mezclado en asuntos de tribunales.
A mediodía, el juez, el escribano, el doctor Pintado, un escribiente y, varios policías llegaron a la montaña.
Llenáronse con exquisito celo las formalidades de la ley: un reconocimiento primario; la fe de libros llamando inútilmente al muerto; el reconocimiento médico del cadáver; la designación topográfica de la escena; diligencias de identificación de la víctima; acopio de piezas de convicción, etc.
Al tratarse de identificar el cadáver, se apeló a los campesinos apiñados en torno de la tienda.
El cuerpo de Deblás estaba mutilado, deforme: el pico había penetrado por la mejilla izquierda, y como en el momento de la agresión la cabeza yacía echada hacia atrás en la almohada, el agudo agente, rompiendo los huesos de la cara, penetró hasta la base del cráneo y desmenuzó el bulbo.