La Charca
La Charca —Tienes que subir… Le he metido un dedo en la boca y, en vez de chupar, muerde… ¡Anda, sube pronto!
Levantándose Leandra de mal talante, dejando que el vestido le cayera sobre las piernas mojadas, hizo apresuradamente un lÃo de la ropa húmeda y comenzó a repechar una vereda caprina que, muy pendiente, se internaba entre los cafetos de la ladera.
Silvina, desoyendo los gritos de PequeñÃn, recorrió con mirada lánguida el paisaje. El ambiente, fresco ya con los aires de la cercana vesperada, se encendÃa en los últimos ardores del sol poniente.
