La Charca
La Charca Desde aquel sitio se divisaba un mundo de verdura. Por detrás, un campo extenso de selva virgen rematando en una cima abrupta; por delante, al otro lado del rÃo, una montaña de tonos grises, aplanándose poco a poco en dirección al mar, deprimiéndose lentamente de derecha a izquierda y determinando la formación de vallecillos y hondonada de feraz aspecto. Los colores bullÃan como chispas de luz, confundiéndose en tintas intermedias, interrumpiéndose con alegres contrastes. DirÃase que con aquel reguero de colores eran los campos la inmensa paleta en donde habÃa de humedecer sus pinceles el supremo artista. Un azul inimitable descendÃa del cielo como regalo nupcial, y un verde suave parpadeaba en las campiñas como ofrenda esclava. De esos dos matices resultaban el apagado gris de las lejanÃas y la tibia gualda de los contornos. Los árboles, en eterna gemación, ostentaban vestiduras rosadas y galas rojas, y asà mostrábanse los paisajes como proyectados al mundo de los sueños por la mano de la primavera.
