El dinero
El dinero La carta del banquero ruso de Constantinopla, traducida por Segismundo, era una respuesta favorable, que Saccard esperaba para poner en marcha el negocio de París. Cuando al día siguiente despertó, sintió la inspiración de que era necesario actuar sin pérdida de tiempo, organizando aquel mismo día, antes de la noche, el sindicato en que pensaba colocar anticipadamente las cincuenta mil acciones de quinientos francos de su sociedad anónima, lanzada con un capital de veinticinco millones.
Al saltar de la cama, acababa de encontrar por fin el título para dicha sociedad, el lema que buscaba hacía tiempo. Ante él, había visto flamear las palabras Banca universal, como si estuviesen escritas en letras de fuego, en la habitación todavía oscura.
—La Banca universal —decía una y otra vez, mientras se iba vistiendo—. Es un nombre sencillo y grandioso, que lo abarca todo y se extiende sobre el mundo entero… ¡Sí, sí, es una idea excelente! ¡La Banca universal!
