El dinero
El dinero Era la primera vez que intentaba besarla, después de su abandono en un momento de completa inconsciencia. Resueltas las cuestiones serias, pensaba él en su buena suerte, queriendo arreglar también por aquel lado su situación. Aquel rápido movimiento de retroceso le extrañó.
—¿De veras, la disgustarÃa?
—SÃ, me disgustarÃa mucho.
Luego, más tranquila, sonrió.
—Además, ha de confesar que usted mismo no tiene gran interés.
—¡Ah, yo la adoro!
—¡No diga eso! ¡Va usted a estar tan ocupado! Y, por otra parte, le aseguro que estoy dispuesta a sentir por usted una verdadera amistad, si demuestra ser el hombre activo que yo creo, y realiza cuantas grandezas tiene proyectadas… ¡Vamos! Es mucho mejor que seamos amigos.
Él la escuchaba sonriente, aunque avergonzado y contrariado. Le rechazaba, y resultaba ridÃculo haberla poseÃdo una sola vez, por sorpresa. Pero era sólo su vanidad la que sentÃa lastimada.
—¿Entonces, amigos solamente?
—SÃ, seré su camarada y haré cuanto pueda por ayudarle… ¡Amigos, grandes amigos!
Le ofreció las mejillas y él, convencido, encontrando que tenÃa razón, posó dos sonoros besos.