El dinero
El dinero —Sí, amigo mío, creí que Germaine iba a echarme, porque había llegado Jacoby. Pero se las compuso para echarle a él, quién sabe cómo, y me quedé con ella.
Ambos rieron alegremente. Se trataba de Germaine Coeur, una joven soberbia de veinticinco años, algo indolente y de pecho exuberante, a quien mantenía el judío Jacoby, un colega de Mazaud, comprometiéndose de mes en mes. Ella siempre había andado con bolsistas, y siempre por meses, lo que resultaba muy cómodo para aquellos hombres tan atareados, siempre liados con cifras, que compraban el amor como lo demás, sin hallar tiempo para una auténtica pasión. La única inquietud que la agitaba en su pequeño apartamento de la calle Michodière, era evitar encuentros entre caballeros que pudieran conocerse.
—Pues yo creía que se reservaba para la linda papelera —objetó Flory.
Aquella alusión a la señora Conin tuvo la virtud de poner serio a Gustavo. Respetaba a aquella mujer, que él creía honrada; aunque podía tener algún devaneo, nadie murmuraba de ella, con quien todos sostenían buena amistad. Y por cambiar de conversación, preguntó a su vez:
—¿Y Chuchu? ¿La llevó a Mabille?
—¡Caramba, no! Es demasiado caro. Volvimos a casa y tomamos unas tazas de té.