El dinero
El dinero —¿No es verdad, señor, que basta desearlo, para ser siempre felices?
—Estoy convencido de ello, señora —respondió éste—. Además, hay personas tan bellas y bondadosas, que el infortunio no osa siquiera tocarlas.
La joven se habÃa levantado, radiante. Dio a su vez un beso a su marido y se retiró llevando al pequeñuelo y seguida de la niña, que se habÃa colgado del cuello de su padre. Éste, deseoso de ocultar su emoción, se volvió hacia el visitante, bromeando al estilo parisién.
—Ya puede ver que aquà no nos aburrimos.
Luego, añadió:
—¿TenÃa usted algo que decirme?… Subamos, si quiere; arriba estaremos mejor.