El dinero
El dinero Actualmente, el joven confiaba sus órdenes a Jacoby, un judÃo de Bordeaux, un sesentón alto y robusto, de rostro siempre alegre, cuya atronadora voz era famosa; sin embargo, últimamente habÃa perdido su proverbial ligereza a causa de su obesidad. Una especie de rivalidad se interponÃa entre los dos agentes: el joven favorecido por la suerte y el otro llegado ya a la vejez, adquiriendo el negocio de su jefe merced a la complacencia de los comanditarios, que veÃan en él extraordinarias experiencia y osadÃa, olvidando, en cambio, su desgraciada afición por el juego, que le colocaba siempre al borde de una catástrofe, a pesar de sus considerables ganancias. Todo se desvanecÃa en las liquidaciones; Germaine Coeur no le costaba más que algún billete de mil francos, y a su esposa no se la veÃa en parte alguna.
—En fin —concluyó Mazaud, cediendo al rencor a pesar de su extremada corrección—, en ese negocio de Caracas, es seguro que Daigremont no ha obrado con lealtad, apoderándose de todos los beneficios… Es un hombre muy peligroso.
Luego, tras un silencio, añadió:
—¿Pero por qué no se dirige a Gundermann?
—¡Nunca! —respondió Saccard, dejándose llevar por la pasión.