El dinero
El dinero En aquel juego de ladrones, decía, los cristianos carecían de fuerza y acababan por hundirse. En cambio, si se tomaba un judío que no entendiese siquiera de contabilidad y se le introducía en las turbias aguas de cualquier negocio dudoso, vencía sin duda, llevándose a cuestas los beneficios. Aquél era el don de la raza y su razón de ser a través de las naciones que se forman y se deshacen. Profetizaba entonces, en medio de su arrebato, la conquista final de todos los pueblos por los judíos, después de acaparar la fortuna total de la tierra, cosa que no había de tardar, puesto que cada día se toleraba la libre expansión de su dominio, como podía verse ya en París, donde un Gundermann reinaba sobre un trono más sólido y respetado que el del mismo emperador.