El dinero
El dinero —Se lo ruego; ni una palabra más… No necesito enterarme. Tiene usted necesidad de mi nombre y yo se lo presto, con lo que me siento muy feliz; es todo… Diga solamente a Daigremont que arregle esto como le plazca.
Mientras subía de nuevo en su coche, Saccard se regocijaba en su interior.
—Nos costará caro —iba pensando—, pero desde luego se lo merece.
Después, en voz alta, añadió:
—¡Cochero, a la calle Jeüneurs!