El dinero
El dinero Saccard, que sabÃa de memoria su habitual modo de pensar, habÃa seguido en su rostro, aquella esperanza en el porvenir.
—SÃ, la especulación. DÃgame, ¿por qué le asusta esa palabra?… Pero si la especulación no es, en último término, sino el incentivo mismo de la vida, el eterno afán que fuerza a luchar y a vivir. Si osara hacerla una comparación, estoy seguro de que la convencerÃa…
Y se echó a reÃr de nuevo, presa de un escrúpulo de delicadeza.
A pesar de lo cual y a continuación mismo, tuvo ese atrevimiento de muy buena gana, en el impulso brutal con que procedÃa ante las mujeres.
—Vamos a ver, ¿imagina usted que sin… ¿cómo lo dirÃa?, sin la lujuria, se llegarÃan a engendrar muchas criaturas?… Por cada cien niños que dejan de hacerse, apenas si llega a fabricarse uno. El exceso es lo que aporta lo necesario, ¿no es asÃ?
—Desde luego —respondió ella, violentada.