El dinero
El dinero —¡No dirá que no soy formal! —exclamaba a veces, sonriendo—. En lugar de ir tras de las mujeres o de meterme en casinos y teatros, vivo aquà sujeto como un buen burgués y a su lado siempre… Tiene que escribirle a su hermano para tranquilizarle.
No era sin embargo tan cuerdo como pretendĂa, pues por aquella Ă©poca, se habĂa dejado arrastrar por el capricho de una modesta cantante de los Bouffes; e incluso se dejĂł caer un dĂa, a su vez, por casa de Germaine Coeur, donde no habĂa encontrado satisfacciĂłn alguna. La verdad era que, al llegar la noche, caĂa rendido de cansancio. VivĂa, además, bajo un tal afán, en medio de una ansiedad de Ă©xito tan tremenda, que sus demás apetitos iban a quedar forzosamente como disminuidos y paralizados, en tanto no se sintiera triunfante, dueño indiscutible de la fortuna.
—¡Bah! —respondĂa jovialmente la señora Carolina—, mi hermano fue siempre tan formal, que la discreciĂłn constituye en Ă©l una cualidad congĂ©nita, más que un mĂ©rito… Le escribĂ ayer contándole que le habĂa convencido a usted para que no hiciera redorar la sala del consejo. Eso le agradará más.