El dinero
El dinero Y así fue como se alcanzó la época de la primera junta general. Había sido fijada para el 25 de abril. Ya el 20, Hamelin volvió de Oriente, sólo para presidirla, llamado a toda prisa por Saccard que se ahogaba en aquella casa tan estrecha. Traía, por lo demás, excelentes noticias: se hallaban conclusos los tratados para la formación de la Compañía general de Vapores reunidos y, de otra parte, tenía ya en el bolsillo las concesiones que aseguraban a una sociedad francesa la explotación de las minas de plata del Carmelo; sin hablar, naturalmente, de la Banca nacional turca, de la que acababa de sentar las bases en Constantinopla y que vendría a ser una auténtica sucursal del Universal. Por cuanto se refiere al trascendental asunto de los ferrocarriles del Asia Menor, aún no podía considerarse maduro, precisaba reservarlo para más adelante; por lo demás, no tenía más remedio que volver allá, para continuar sus estudios, al día siguiente mismo de celebrada la junta. Saccard, entusiasmado, sostuvo con él una larga conversación, a la que asistió la señora Carolina, y en esa entrevista les persuadió fácilmente de que era de todo punto imprescindible un aumento de capital social, si se quería hacer frente a todas esas empresas. Ya los fuertes accionistas, Daigremont, Huret, Kolb, consultados sobre el particular, habían dado su aprobación a un tal aumento; de manera que, sólo en dos días, la proposición pudo ser estudiada y presentada al consejo de administración, la víspera misma de la reunión de los accionistas.