El dinero
El dinero Por fin se abrió la sesión. Hamelin dio a conocer al consejo el contenido del informe que habría de leer ante la junta general. Tratábase del abultado trabajo que Saccard venía preparando desde hacía mucho tiempo y que acababa de redactar en dos días, adicionado con notas traídas por el ingeniero, y que el propio Saccard escuchaba modestamente, con aire de vivo interés, como si no hubiera sabido una sola palabra. Para empezar, el informe hablaba de los negocios llevados a cabo por el Banco universal, desde su fundación: habían sido simplemente buenos, pequeños negocios efectuados de día en día, realizados de la víspera a la mañana, lo corriente y trivial en las casas de crédito. Anunciábanse sin embargo bastante crecidos beneficios con relación al empréstito mejicano, que acababa de ser lanzado el mes anterior, después de la marcha del emperador Maximiliano a Méjico: un empréstito de embrollo y de primas locas, y en relación con el cual Saccard lamentaba en el alma no haber podido chapotear más, por falta de dinero. Todo aquello era lo vulgar y corriente, pero se había vivido. Respecto del primer ejercicio, que sólo comprendía tres meses, del 5 de octubre, fecha de la fundación, al 31 de diciembre, el sobrante de beneficios era únicamente de cuatrocientos mil y pico de francos, lo que había permitido amortizar en un cuarto los gastos de primer establecimiento, pagar a los accionistas su cinco por ciento y depositar el diez por ciento en concepto de fondos de reserva; aparte de ello los administradores habían retirado el diez por ciento que establecían los estatutos a su favor, y quedaba una suma de alrededor de sesenta y ocho mil francos, que había sido incorporado al ejercicio siguiente. Lo único que ocurrió es que no hubo dividendo. Nada a la vez más mediocre ni más honrado. Era un caso semejante al de la cotización de las acciones en Bolsa del Universal; habían subido lentamente de quinientos a seiscientos francos, sin sufrir sacudidas, de una manera normal, como suele ocurrir con las cotizaciones de valores de todo banco que merece respeto; y, desde hacía dos meses, permanecían estacionarias, por no haber razón alguna que justificase el que subieran más, dado el reducido ritmo de trabajo diario en que parecía estar adormecida la naciente casa.