El dinero
El dinero Quedóse el joven vacilando, un corto malestar que le hizo estar quieto durante algunos segundos. En los difíciles comienzos de su feliz hogar, antiguas deudas habíanle caído encima, y, pese a la suerte de haber encontrado este periódico donde colocaba sus artículos, atravesaba una penuria atroz, tanto más, cuanto que había sufrido un embargo parcial sobre su sueldo y que debía pagar, aquel mismo día, un nuevo pagaré, bajo la amenaza de ver vendidos los cuatro muebles que le quedaban. Ya en dos ocasiones había solicitado en vano un anticipo al director, que se había escudado para negárselo en la traba del sueldo que ya le tenían hecha.
Parecía, no obstante, estar decidido y se acercaba ya a la puerta, cuando el mozo de escritorio, siguió diciendo:
—Es que el señor Jantrou no está solo.
—¡Ah!… ¿Con quién está, entonces?
—Llegó con el señor Saccard, y el señor Saccard me insistió en que no dejase entrar a nadie más que al señor Huret, al que está esperando.
Jordan respiró, tranquilizado por aquella dilación, hasta tal punto el pedir dinero le resultaba penoso.
—Perfectamente, voy a ver si termino mi artículo. Cuando el director esté libre, adviértamelo.
Pero, cuando ya se alejaba, le detuvo Dejoie, con una exclamación de júbilo fuera de serie.