El dinero
El dinero —¡Ah!, es usted, querida señora… ¡ImagÃnese que esta noche vamos al teatro! ¡Oh!, se trata de toda una historia, y mejor será que no nos salga cara la broma… Pero Pablo ha descubierto un pequeño restaurante donde nos atiborramos por treinta y cinco sueldos cada uno…
Jordan, que llegaba en aquel momento, interrumpió a su mujer riéndose.
—Dos platos, una botella de vino y pan a discreción.
—Y luego —continuó diciendo Marcela—, jamás cogemos un coche, ¡resulta tan divertido eso de volver a pie cuando ya es muy tarde!… Esta noche, como somos ricos, nos traeremos además un pastel de almendras de veinte sueldos… ¡Holgorio completo, una juerga de no te menees!
Y se marchó encantada, cogida del brazo de su marido. La señora Carolina, que habÃa vuelto con ellos a la antesala, recobró las fuerzas suficientes para esbozar una sonrisa.
—¡Diviértanse mucho! —murmuró con voz temblorosa.
Luego, partió ella a su vez. Amaba a Saccard, y se llevaba consigo el asombro y el dolor, como una herida vergonzosa que no querÃa dejar traslucir.