El dinero
El dinero —Ahora bien —continuó diciendo—, resulta en estos momentos que encontré un posible comprador de los Aublets… Y como, por otra parte existe el propósito, ¿no es asÃ?, de lanzar una nueva emisión, podrÃa tomar la determinación de colocar toda nuestra fortuna en su casa.
Saccard se iba aplacando, halagado al ver a aquellas dos pobres mujeres, las últimas de una reputada y antigua raza, mostrarse tan confiadas, tan ansiosas ante él. Rápidamente, con números, se puso a informarles.
—Una nueva emisión; perfectamente, me estoy ocupando de ello… La acción será de ochocientos cincuenta francos, con la prima… Vamos a ver, estamos hablando de que ustedes tienen cuatrocientas acciones. Van a serles adjudicadas, por consiguiente, doscientas, lo que les obligará a hacer un desembolso de ciento setenta mil francos. Pero, tengan también en cuenta que todos sus tÃtulos quedarán liberados, por lo que tendrán entonces seiscientas acciones completamente suyas y nada deberán a nadie.
Las mujeres no acababan de comprender, y hubo de explicarles la forma en que tenÃa lugar aquella liberación de tÃtulos, merced a la ayuda de la prima; y ellas entretanto, quedaron un tanto pálidas ante aquellas cifras tan elevadas, atormentadas por la idea del golpe de audacia que precisaba arriesgar.