El dinero
El dinero —Por lo que se refiere al dinero —murmuró al fin la madre—, todo eso estarÃa muy bien… Me ofrecen doscientos cuarenta mil francos por los Aublets, que valÃan en otros tiempos cuatrocientos mil; de modo que, una vez devuelta la suma que nos dejaron prestada, nos quedarÃa lo estrictamente necesario para efectuar el desembolso que las acciones requieren… Pero, ¡Dios mÃo!, ¡qué panorama tan terrible; esa fortuna cambiada de sitio, toda nuestra existencia jugada de esa manera!
Sus manos temblaban, e imperó un breve silencio durante el cual la señora pensaba en aquel engranaje que habÃa empezado por absorber sus economÃas, luego los setenta mil francos prestados, y que amenazaba ahora por quedársele con la granja entera. Su antiguo respeto por la fortuna patrimonial, integrada por campos de labranza, prados y bosques; su repugnancia hacia todo cuanto significase tráfico de dinero, esa bajuna tarea propia de judÃos e indigna de su raza, volvÃan a hacer mella en su cerebro y la angustiaban en aquel momento decisivo en que todo iba a ser consumido. Muda, su hija la contemplaba con sus ojos ardientes y puros.
Saccard por su parte esbozó una sonrisa alentadora.