El dinero
El dinero —¡Ah!, mi buen mozo, ¡estoy viendo que es un estúpido!… ¿Imagina usted acaso que vamos a pararnos en mil trescientos? ¿Me ve usted vender a mÃ?… Tendrá usted sus dieciocho mil francos, yo le respondo. ¡Lárguese, pues!, y écheme a toda esa gente que hay ahÃ, diciéndoles que he salido.
Cuando volvió a encontrarse solo, Saccard pudo llamar de nuevo a los dos jefes de servicio y terminar en paz su trabajo.