El dinero
El dinero Saccard, que aún no había visto de nuevo a Hamelin, se le echó al cuello y le dio un abrazo, con su vehemencia meridional. Luego, cuando este último le hubo confirmado el contenido de sus últimas cartas, dándole detalles sobre el feliz resultado de su largo viaje, su exaltación no tuvo límites.
—¡Ah! querido, lo que es esta vez vamos a ser los amos de París, los reyes del mercado… También yo por mi parte trabajé de firme; tengo una idea extraordinaria. Va usted a ver.