El dinero
El dinero Algo aturdido, Hamelin hojeaba las páginas del proyecto, examinaba las cifras.
—No me gusta gran cosa ese balance tan activo —dijo finalmente—. Son verdaderos dividendos los que va a dar de ese modo a sus accionistas, puesto que libera sus tĂtulos; y precisa estar bien seguro de que todas las cantidades están bien adquiridas: en otro caso, se nos acusarĂa con razĂłn de haber distribuido dividendos ficticios.
Saccard se exaltĂł.
—¡Cómo!, pero ¡si calculé incluso por debajo de lo que constituye una lógica tasación! Observe y considere si no he sido razonable: ¿es que los Vapores, es que el Carmelo, es que el Banco turco, no van a dar ganancias superiores a las que hice consignar ah� Me trae de allá boletines de victoria, la cosa marcha, todo prospera, ¡y es usted precisamente quien me disputa la certeza de nuestro éxito!
Sonriendo, Hamelin le calmĂł con un gesto. ¡SĂ, sĂ!, Ă©l seguĂa teniendo fe. SĂłlo que no por ello dejaba de ser partidario de que las cosas siguieran su curso normal.