El dinero
El dinero —En efecto —dijo dulcemente la señora Carolina—, ¿qué necesidad hay de apresurarse? ¿No se podría esperar al mes de abril para llevar a cabo ese aumento de capital?… O incluso, puesto que necesita veinticinco millones más, ¿por qué no emite las acciones a mil o mil doscientos francos haciéndolo de un modo inmediato, lo que le evitaría tener que realizar anticipos con cargo a las ganancias del próximo balance?
Desconcertado por unos momentos, no cesaba Saccard de mirarla, asombrado de que se le hubiera ocurrido semejante idea.
—Indudablemente, a mil cien francos, en lugar de ochocientos cincuenta, las cien mil acciones producirían exactamente los veinticinco millones.
—Pues bien, entonces, por lo que veo, se dio con la fórmula completa —continuó ella diciendo—. No tema en absoluto que los accionistas se resistan. Con la misma facilidad serán capaces de dar mil cien francos que ochocientos cincuenta.
—¡Ah!, ¡sí evidentemente!, ¡darán todo lo que se les pida!, ¡e incluso habrá bofetadas por quién da más!… Están como locos, demolirían el hotel para entregarnos su dinero.
Pero repentinamente, volviendo en sí, sufrió un sobresalto de violenta protesta.