El dinero
El dinero Pero Daigremont, a quien el vizconde de Robin-Chagot molestaba con sus desmedidos elogios del informe de Hamelin, al pasar por su lado el director le cogió por el brazo para soplarle al oÃdo:
—¡Menos apasionamiento!, ¿estamos?
Saccard se detuvo en seco y le miró fijamente. Recordaba cuánto habÃa vacilado al principio para involucrarle o no en el asunto, sabiendo que no era muy seguro negociar con él.
—¡Ah!, ¡quien me quiera que me siga! —respondió en voz alta, de manera que todo el mundo le oyese.