El dinero

El dinero

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ni una! —respondió Marcela.

La rubia carita de Natalia, con sus pálidos y revueltos mechones, adoptó un gesto de inmensa conmiseración. ¡Ah!, ¡pobres gentes las que carecían de acciones! Y, habiéndola llamado su padre para encargarla que llevase un paquete de pruebas a un redactor, cuando regresara a Batignolles, la muchacha se fue seguidamente, dándose una graciosa importancia de capitalista, que, casi todos los días, ahora, se llegaba hasta el periódico para conocer antes las cotizaciones de Bolsa.

Sola ya en la banqueta, Marcela volvió a quedar sumida en una melancólica meditación, ella que tan alegre y decidida era, por lo general. ¡Dios mío!, ¡qué oscuro y triste estaba el ambiente!, ¡y su pobre marido que corría por esas calles de Dios, entre aquel diluvio! Sentía el pobre tanto desprecio por el dinero, tal malestar ante la sola idea de tener que prestarle atención, que llegaba a costarle un gran esfuerzo pedirlo, incluso a quienes se lo debían. Y, absorta, sin oír nada ni a nadie, revivía mentalmente aquella jornada tan mala y triste, desde el momento en que se despertó; a su alrededor mientras tanto, tenía lugar el febril trabajo del periódico, el galopar de los redactores, el vaivén de los manuscritos; todo ello en medio de los acostumbrados portazos y golpes de campanilla.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker