El dinero
El dinero En la calle, Marcela había caminado inconsciente, con la cabeza siempre baja, como si fuera a encontrar el dinero por el suelo. Tuvo luego la repentina idea de dirigirse al tío Chave; e inmediatamente, sin pensarlo más se presentó en los discretos bajos de la calle Nollet, para dar con él antes de que abrieran la Bolsa. Al llegar allí escuchó cuchicheos, risitas de muchachas. Sin embargo, al abrir la puerta percibió al capitán solo, fumando su pipa; parecía estar desolado, furioso consigo mismo, gritando que jamás había conseguido contar con cien francos de más, que, día por día, se comía sus pequeñas ganancias de Bolsa como puerco asqueroso que era. Al enterarse de la negativa de los Maugendre, empezaron en seguida las imprecaciones contra ellos, tratándoles de sujetos viles, a quienes no había vuelto a ver más, desde que el alza de sus cuatro acciones les volvía locos. ¿Pues no se había atrevido su hermana la semana anterior a tratarle de avaro, como ridiculizando lo prudente de su juego, porque le aconsejaba amistosamente que vendiera? ¡Ésa sí que no me merecerá compasión alguna el día en que se estrelle!