El dinero
El dinero Sus párpados habĂan oscilado, para disimular una mirada oblicua, mientras decĂa responder de los demás administradores, de SĂ©dille, de Kolb, del marquĂ©s de Bohain, como de sĂ mismo. El negocio marchaba tan bien, que era realmente placentero estar todos de acuerdo, en el más extraordinario Ă©xito registrado por la Bolsa desde hacĂa cincuenta años. Y tuvo una frase encantadora para cada uno de los allĂ presentes, insistiendo al irse en que contaba con ellos tres para la velada de que les habĂa hablado. Mounier, el tenor de la Ă“pera, darĂa la rĂ©plica a su mujer. ¡Oh!, ¡serĂa de un efecto admirable!
—Entonces —preguntó Huret, marchándose a su vez—, ¿eso es todo lo que estima oportuno contestarme?
—¡Perfectamente! —declaró Saccard, con su seca voz.
Y, siguiendo su costumbre, dejĂł que se marchara sin salir a despedirle. Luego, cuando se encontrĂł solo con el director del periĂłdico:
—¡Esto significa la guerra, querido! ¡Se acabaron las componendas, golpee de firme a todos esos bribones!… ¡Ah!, ¡por fin voy a poder planear la batalla a mi gusto!
—¡En todo caso, entraña una situación de tirantez! —terminó diciendo Jantrou, cuyas perplejidades empezaban de nuevo.