El dinero
El dinero Y se sonreÃa con su pálida sonrisa de enfermo, al observar la atención de su interlocutor, muy sorprendido al verle tan al corriente de los asuntos del dÃa, y halagado al propio tiempo por los inteligentes elogios que acababa de escuchar.
—Sólo que —continuó diciendo— la buena mañana, en que le expropiemos en nombre de la nación, sustituyendo sus intereses privados por el interés común, convirtiendo su prodigiosa máquina de succionar el oro de los demás, en la reguladora misma de la riqueza social, empezaremos por suprimir esto.
HabÃa encontrado un sueldo entre los papeles que habÃa esparcido sobre la mesa; lo sostenÃa en el aire, cogido entre dos dedos, como vÃctima propiciatoria.
—¡El dinero! —exclamó Saccard entonces—, ¡suprimir el dinero!, ¡menuda locura!