El dinero
El dinero —En teorÃa, ¡qué duda cabe! —respondió Segismundo—. Todo cuanto le expliqué un dÃa, todo el proceso de la evolución está ahÃ. Sólo falta llevarlo a la práctica… Pero tienen que estar ciegos, si se empeñan ustedes en no ver los considerables pasos que avanza la idea a cada instante. AsÃ, usted que, con su Universal, ha llegado a remover y centralizar en tres años centenares de millones, no parece sospechar en modo alguno que nos está llevando en lÃnea recta al colectivismo… He seguido su negocio con pasión; ¡sÃ!, desde esta perdida alcoba, tan tranquila, estuve estudiando su desarrollo dÃa por dÃa; me precio de conocerlo tan bien como usted; y me permito decirle que se trata de una magnÃfica lección; sÃ, de un buen ejemplo que usted nos da, pues el Estado colectivista sólo tendrá que llevar a cabo lo que usted está haciendo; es decir, expropiarle en bloque todo aquello que usted haya expropiado antes a los pequeños; realizar en suma la ambición de su desmesurado sueño, que aspira, ¿no es eso?, a absorber todos los capitales del mundo, a ser el Banco único, el depósito o almacén general de la fortuna pública… ¡Oh!, ¡es mucho lo que le admiro, créame!, yo le dejarÃa hacer si fuera el amo, porque usted está empezando nuestra tarea, como precursor de genio.