El dinero
El dinero —¡Bah! —murmuró Segismundo—, a fin de cuentas, todo se suprime, todo se transforma y desaparece… Ya tuvimos ocasión una vez, de ver la riqueza cambiar de forma, cuando bajó el valor de la tierra, y cuando los bienes raÃces, las riquezas patrimoniales, los campos y los bosques, hubieron de declinar ante la riqueza mobiliaria, industrial, los tÃtulos de renta y las acciones; y asistimos hoy, no le quepa duda, a una precoz caducidad de esta última, a una especie de rápida depredación, pues lo cierto es que el interés se envilece, y que el cinco por ciento normal ya no se alcanza… Eso significa que el dinero baja, ¿por qué, entonces, no desaparece ese dinero?, ¿por qué una nueva forma de la riqueza no regirá nuestras relaciones sociales? Y es esa riqueza del mañana, la que nos traerán nuestros bonos de trabajo.
Hallábase absorto contemplando el sueldo que sostenÃa con dos de sus dedos, como si hubiera estado soñando que tenÃa ante sà la última moneda de los tiempos de antaño, una moneda perdida, que habÃa conseguido sobrevivir a la antigua sociedad muerta. ¡Qué de alegrÃas y cuántas no serÃan las lágrimas que habÃan contribuido a desgastar el humilde metal! Y habÃa caÃdo en la tristeza del eterno deseo humano.