El dinero
El dinero —Sà —replicó lentamente—, tiene usted razón, ninguno de nosotros veremos tales cosas. Se necesitan años, muchos años. ¿Podemos saber si el amor al prójimo tendrá jamás bastante fuerza para reemplazar al egoÃsmo en la organización social?… ConfÃo sin embargo en que el triunfo se halle más próximo, ¡es tanto lo que habrÃa querido poder presenciar ese amanecer de la justicia!
Por un instante, la amargura del mal que padecÃa, quebró su voz. Él, que, en su negación de la muerte, la trataba como si no existiese, hizo un gesto como para apartarla de su lado. Pero vivÃa ya resignado.
—Tengo realizada mi labor, dejaré mis notas, en el caso de que no me quede tiempo para acabar la obra completa de reconstrucción con que he soñado. Es preciso que la sociedad de mañana sea el fruto maduro de la civilización, porque, si no se conserva el lado bueno de la emulación y del control, todo se derrumba… ¡Ah!, ¡con cuánta nitidez veo ya a estas horas, la sociedad esa, creada por fin, completa, que con tantas dificultades llegué a forjar, consiguiendo a la postre ponerla en pie después de tantas vigilias! Todo está previsto, todo resuelto; trátase en fin de la soberana Justicia, de la dicha absoluta. Ahà está, sobre el papel, matemática, definitiva.