El dinero
El dinero E hincándose de rodillas, no obstante la pesadez de su corpachón, se puso a partir leña en trozos menudos, volviendo a encender el fuego. Fue luego en busca de una escoba, estuvo poniendo en orden la habitación, y se preocupó de dar al enfermo la poción que debía tomar cada dos horas. Y no se quedó tranquilo hasta que convenció a éste para que se tumbase en la cama a descansar.
—Señor Saccard, si quiere pasar a mi despacho…