El dinero
El dinero —Tengo aquÃ, en créditos, por valor de más de veinte millones, y además, de todas las épocas, de todas las categorÃas sociales, Ãnfimos y colosales… ¿Los quiere usted por un millón?; se los doy. ¡Cuando uno piensa que hay deudores a quienes vengo persiguiendo desde hace un cuarto de siglo! Para conseguir de ellos algunos miserables cientos de francos, incluso menos a veces, he tenido que hartarme de paciencia años enteros, aguardando a que obtengan algún éxito o a que hereden… Los otros, los desconocidos, los más numerosos, duermen allÃ, ¡obsérvelo!, en ese rincón, todo ese enorme montón. La nada, como quien dice, o mejor aún, significa la materia bruta, de donde es preciso que gane la vida, quiero decir mi vida, después de Dios sabe cuánta complicación de búsquedas y de fastidios… ¿Y quiere usted que cuando, por fin, pesco a uno que es solvente no le sangre? ¡Ah!, eso sà que no, me considerarÃa usted mismo demasiado estúpido; ¡seguro que en mi lugar no cometerÃa semejante necedad!
Sin entretenerse en discutir más, Saccard sacó su cartera.
—Voy a darle doscientos francos, y usted me devolverá el expediente Jordan, con un recibo de saldo y finiquito.
Busch sufrió un sobresalto de exasperación.