El dinero
El dinero Pero la sonrisa de Salmon, que les escuchaba por turno, se hizo tan aguda, que ambos quedaron descontentos sin saber a ciencia cierta qué postura adoptar. ¿Acaso aquel diablo de hombre, tan extraordinariamente fuerte, tan profundo y discreto, había encontrado una tercera forma de jugar, no estando al alza ni a la baja?