El dinero
El dinero —Ése es desde luego, sÃ, el papel que me firmó el señor Carlos… Yo era la hija del carretero, de Cron el Cornudo, como le llamaban, ¿sabe usted, señora?… Por aquel entonces el señor Carlos andaba siempre pegado a mis faldas, pidiéndome siempre que me prestara a una serie de porquerÃas. A mà todo eso me fastidiaba. Cuando se es joven, ¿no es eso?, una no sabe nada, no gusta ser cariñosa con los viejos… Y entonces, el señor Carlos me firmó el papel, una noche que me habÃa llevado a la cuadra…
De pie, crucificada, la condesa dejaba que siguiera hablando, cuando, en un momento dado, le pareció oÃr un quejido en la alcoba. Tuvo un gesto de angustia.
—¡Cállese!
Pero Léonide, estaba ya embalada; querÃa acabar.
—En todo caso, no resulta muy honrado que digamos, y cuando no se tiene intención de pagar, pervertir a una muchachita sencilla… SÃ, señora, su señor Carlos era un ladrón. Eso es además lo que opinan todas las mujeres a quienes cuento el asunto… Y le respondo de que lo que me hizo, valÃa bien el dinero.
—¡Cállese, cállese de una vez! —gritó con furia la condesa, alzando los brazos, como para aplastarla si se atrevÃa a seguir.