El dinero
El dinero Se recordaba el boato desplegado por el príncipe de Orviedo, cuando estaba en el momento álgido de su inmensa fortuna financiera, al llegar de España y caer en París en medio de una lluvia de millones. Compró entonces aquel hotel, haciéndolo reparar, a la espera del palacio de mármol, con que pensaba deslumbrar a la gente. La construcción, que databa del siglo anterior, era una de aquellas casas de recreo, edificadas en medio de amplios jardines por caballeros galantes. Pero, derribada en parte y reconstruida en más severas proporciones, no había conservado de su antiguo parque más que un amplio patio bordeado de cuadras y cocheras, que la proyectada calle Cardinal-Fesch haría desaparecer seguramente. El príncipe la había adquirido de los sucesores de una señorita Saint-Germain, cuya finca se extendía antes hasta la calle Trois-Frères, antigua prolongación de la calle Taitbout. Por otra parte, el hotel había conservado su entrada por la calle Saint-Lazare, junto a un gran edificio de la misma época, la Folie-Beauvilliers de otros tiempos, que ahora ocupaban los Beauvilliers, a causa de su lenta decadencia económica. Poseían éstos los restos de un admirable jardín con una magnífica arboleda, condenados asimismo a desaparecer, en la próxima reforma del barrio.