El dinero
El dinero A partir de entonces, su padre buscó otro refugio, e iba a arrendar una casita en Passy, una especie de asilo burgués de comerciante retirado, cuando recordó que la planta baja y el primer piso del hotel de Orviedo, de la calle Saint-Lazare, estaban todavía desocupados, con puertas y ventanas cerradas. La princesa de Orviedo, instalada en tres habitaciones del segundo piso desde la muerte de su marido, ni siquiera había hecho poner el cartel en la puerta cochera, invadida por las hierbas. Una puerta baja, al otro extremo de la fachada, conducía al segundo piso, a través de una escalera de servicio. Muchas veces, en las frecuentes visitas que hacía a la princesa con motivo de sus relaciones comerciales, se había extrañado de la negligencia que demostraba en extraer un razonable partido de su inmueble. Pero ella sacudía la cabeza, porque tenía ideas algo particulares sobre el dinero. Sin embargo, cuando él se presentó para alquilar parte de la casa en su propio nombre, consintió seguidamente, cediéndole, por la irrisoria renta de diez mil francos, la planta baja y el primer piso, una instalación principesca que seguramente valía el doble.