El Paraíso de las damas

El Paraíso de las damas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Ay! —decía el joven—. ¡Si le fuera bien en otro sitio, me gustaría que volviera aquí para pisarles la yugular a todas esas señoritas del pan pringado!

Bourdoncle fue quien tuvo que enfrentarse con la violenta sorpresa de Mouret. Grande fue la irritación de éste al enterarse del despido de Denise. No solía ocuparse gran cosa del personal; pero, en aquella ocasión, se tomó el asunto como un menoscabo de su poder, un intento de zafarse de su autoridad. ¿Acaso había dejado de ser el dueño y por eso había quien se permitía dar órdenes? Por él tenía que pasar todo, todo en absoluto. Y aplastaría como una brizna de paja a cualquiera que osara resistírsele. Luego, tras investigar personalmente el caso, volvió a indignarse, atormentado por un nerviosismo que no podía disimular. La pobre muchacha no había mentido; se trataba, en efecto, de su hermano. Campion lo había reconocido sin lugar a dudas. ¿Qué motivo había para despedirla? Habló incluso de volver a contratarla.

Entre tanto, Bourdoncle se parapetaba en su resistencia pasiva y aguantaba el chaparrón, observando a Mouret. Por fin, un día en que lo vio más tranquilo, se atrevió a decir, con una entonación muy peculiar:

—Es mejor para todos que se haya ido.

Mouret se ruborizó, azorado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker